domingo, 24 de mayo de 2009

El valor del dinero

Una tarde en la que mi abuelita, la mamá de mi papá, había llegado a la casa a comer  para pasar una tarde familiar ,me toco ir en busca de los refrescos a la tienda más cercana. Mi padre desembolso  50 pesos, salí con la consigna de volver rápido y así lo hice. Ya en la casa, mi progenitor me pidió el cambio el cual devolví sin decir nada, el poso sus ojos inquisidores sobre mi y me pidió lo que faltaba.

–Eso es todo-le dije

–Faltan 50 pesos, te di 100- argumentó

Yo vi el billete de 50 pesos y aunque me hubiera dado 100 pesos jamás me permitiría llegar a casa faltándome un centavo. Traté de explicarle, de decirle, pero él estaba convencido de que estaba mintiendo; alzó la voz y enfrente de todos me acusó de robarle su dinero, de no tener el valor para pedir las cosas y terminó diciendo que nunca habría pensado que su hijo estuviera tan necesitado de dinero como para mentirle a su padre. No pude evitar derramar algunas lagrimas, no solo por el hecho de que mi propio padre me considerara un ladronzuelo, si no porque sus reclamos los había hecho frente a mi abuela, mi mamá y mis hermanos.

Cuando todos se habían ido y me hallaba solo en la sala leyendo un libro, mi papá se acerco a mí con un billete de 50 pesos en la mano y me dijo “Toma, si te había dado sólo 50 pesos” después se fue y me dejo ahí sin una disculpa o alguna explicación. Lo curioso del asunto fue que los 50 pesos valieron haberme llamado ladrón , haberme puesto en evidencia delante de mi familia y haberme sentido basura delante mi padre, pero esos mismos 50 pesos no pudieron comprarme un abrazo y un “discúlpame” de mi padre